Después del caos llegará el orden, con el orden el control, con el control la alienación, la alienación nos conducirá a la neurosis. Volveremos de nuevo al caos y con el caos podremos restablecer un sistema más ¿Ordenado? No, llamémoslo orgánico. Será quizás menos eficiente pero evitará una desorientación continua. Nos hará más conscientes, más capaces, más humanos.
Evitará que nuestras sonrisas sean meras muecas artificiales causadas por continuos regueros de dopamina sintética. Nos dará la oportunidad de parar de golpe y mirar a nuestro alrededor. Dejaremos de mirar al reloj y concederemos tiempo a las pequeñas cosas valiosas.
Volveremos a ser niños y nuestros sueños serán más importantes que nuestros bienes actuales que pasarán a un segundo plano. Se desbordará la imaginación de los recónditos pozos cavados en tiempos de una racionalidad vehemente. Miraremos a los ojos, escucharemos al alma y nuestros cuerpos serán un medio que transporta energía hacia otros corazones.
