La tecnología actual nos está conduciendo a una situación jamás antes experimentada. Se trata del ansia de inmediatez estrepitosa.
Aquí y ahora. Este es el lema de las nuevas tendencias de consumo que no hacen más que ofrecernos todo al instante, listo para ser usado, listo para ser consumido y desechado hasta nuevo aviso.
Yo mismo me he visto inmerso en una situación en la que por el simple hecho de tener tantas posibilidades al alcance de la mano, me aburren aquellas que he comenzado a utilizar recientemente.
No nos da tiempo a disfrutar de las cosas puesto que surgen otras nuevas más atractivas, renovadas, más vistosas y que prometen usos más diversos.
Y esta diversidad nos conduce a una mayor confusión, mayor ansia por alcanzar lo siguiente, mayor temor por no estar actualizados.
Las empresas se limitan a prostituir de manera deliberada sus productos y antes de lo que esperamos, nos prometen sensaciones renovadas con más productos que dejan a sus antecesores a la altura del betún.
Este concepto cala nuestra mente y pasamos a funcionar del mismo modo con las relaciones humanas. Nos volvemos proxenetas de la opinión, incluso de la compañía de aquellos que no son capaces de cubrir nuestras expectativas.
Buscamos nuevos horizontes mentales, personas que nos hacen sentir inferiores para enganchar su estela y absorber sus conocimientos.
Nos aburrimos de las palabras de aquellos que no son capaces de articular frases que sobrepasan los 140 caracteres o que tardan excesivo tiempo en macerar una opinión consolidada.
Nos hemos convertido en una manada de Velociraptors socio-digitales que pueden derribar al mayor de los Tiranosaurus en un solo round.
Bienvenidos a la era de la inmediatez donde el concepto “usar y tirar” se ha convertido en una regla desafortunadamente cotidiana que sobrepasa barreras y abraza valores humanos.

