Las personas somos seres que buscamos estados de equilibrio psicológico y físico. En ocasiones sabemos que una decisión va a suponer la entrada a un estado de intranquilidad; el propio hecho de tener que tomar dicha decisión ya está suponiendo un estado de desequilibrio que nos está sacando de nuestro estado de confort y nos está llevando a una zona de tensión.
En la época que nos está tocando vivir hemos llegado a un estado colectivo en la cual dicha zona de confort se ha convertido en una sensación muy generalizada. Es más, consideraría que la actual crisis se debe, entre otras muchas cosas, a una epidemia que yo la llamaría “Estancamiento en la zona de confort crónico”. Por ejemplo, si tenemos un trabajo, dejarlo es de locos. “La que nos está cayendo y encima yo pensando en dejar mi trabajo.” ; “¡Qué mal están las cosas! Busco y busco trabajo pero la cosa está muy mal, nadie me va a contratar hoy en día.”; “Prefiero ahorrar hoy hasta que las cosas vayan bien dadas. Tampoco voy a andar gastando a lo tonto o invirtiendo cuando no sé lo que va a ser de mí en unos meses.”
Éste y muchos más son algunos ejemplos de cómo la gente, ante la crísis adopta un estado mental en el cual prefiere mantenerse en su zona de confort a salir de ella para encontrar nuevos desafíos. Poco a poco nos vamos estancando, perdemos la capacidad de forzar nuestra persona a hacer cosas diferentes. Preferimos vivir medianamente bien a arriesgarnos y tratar de logar aquello que nos puede completar como personas. Como esta situación se está convirtiendo en un mal global, el estancamiento es generalizado. Esta situación afecta a la economía, a las finanzas, intercede en nuestra salud mental personal y colectiva…
El otro día me di cuenta de todo esto mientras salí a correr. Sí, saliendo a correr. Llevo meses haciendo futing y mi cuerpo se ha acostumbrado a un ritmo, pensaba que no podía hacer mucho más puesto que si mi capacidad física llega a X tengo que entrenar mucho hasta alcanzar progresos. Estaba en una zona de confort en la cual mi cuerpo se había acostumbrado a un ritmo del cual no quería salir. Si trataba de imprimir un poco más de velocidad a mi carrera, mi cuerpo se revelaba y me decía: “Ion, estás forzando”. Pero el otro día salí a correr con un amigo, él está mejor preparado que yo e imprimimos un ritmo mayor al que mi cuerpo está acostumbrado. Reconozco que acabé agotado, pero alcanzamos un ritmo medio muy por encima del que hubiera conseguido si hubiera ido yo solo. Forcé mi cuerpo a hacer cosas que parecía que estaban por encima de sus posibilidades.
¿Con todo esto a dónde quiero llegar? Pues que en la vida siempre vamos a alcanzar puntos en los que nos encontramos cómodos y la única forma de evolucionar es romper con las reglas que nosotros mismos nos hemos establecido. El ser humano es capaz de hacer cosas increíbles, pero sólo si sabemos romper de la manera adecuada con dichas barreras limitadoras podremos llegar a lograrlas. De toda esta historia saco dos conclusiones generales:
- Si quieres evolucionar tienes que pasar por etapas de sobreesfuerzo. Por muy “insanas” que te parezcan van a romper con la barrera que te estás estableciendo. Eso sí, debes saber encontrar un equilibrio, ir mucho más allá puede perjudicarte. En ocasiones es un pequeño salto, una vez superado deberás volver a romper otro, luego otro y otro más…
- Hay veces que necesitas la ayuda de otros para salir de tu zona de confort. Tú solo puedes alcanzar unos límites y darte cuenta de que la ayuda de otros puede beneficiarte es un gran paso. Pierde el miedo a solicitar un pequeño cable cuando lo necesites.







